domingo, 4 de junio de 2017

control remoto

you gotta get
your shit together
le dijo ella
y él la agarró
de la melena negra y enrulada
y la tiró encima de la mesa
ahí cambiás porque te parece
muy violento
para la hora de la cena
y sabés que a mí no me gusta
poné de última a tinelli
te digo
aunque detesto a tinelli
pero un montón de minas en pelotas
no es más violento
que el marido de la negra
ni que el silencio
de esta vida juntos
tan parecida a la soledad

viernes, 2 de junio de 2017

El aguacil

el otro día
había un bicho de esos
un aguacil
todo negro
como un cadáver de cenizas
después del fuego;
quise tocarlo
para que se deshaga
quise romperlo
pero el bicho
salió volando
ni enterado
de haber sido un pedazo
de arte
o de carbón.

jueves, 9 de marzo de 2017

po-sen

El buda posmoderno se viste de yeso y sonríe ante la perspectiva de acabar, como Marilyn, serializado.

lunes, 2 de enero de 2017

ejercicio

Dicen que para escribir bien es necesario editar. Cortar todo lo que sobra, eliminar lo superfluo. Leer y volver a releer, en orden de detectar redundancias. Hacer de una idea que puede parecer compleja una forma que resulte simple de entender. Pisotear un poco (o con ganas) el propio orgullo y desafectarse de ese apego a las palabras. Así lograremos comunicar de una forma llana, concreta, accesible. 

martes, 27 de diciembre de 2016

Esa parte de tu mente que no es tu cabeza

Este año me empezó a gustar la poesía. Antes no me gustaba, decía, porque no la entendía. Pero no era eso; o sí, pero de otro modo. Es así: la poesía (simplificando terriblemente no-me-maten) no tiene una estructura fácilmente aprehensible por el intelecto. Digamos, no se puede racionalizar. El relato, la narrativa, al menos el noventa y cinco por ciento de la narrativa que tenemos disponible, se basa en ciertos presupuestos y relaciones lógicas que nosotros lectores podemos ir desentrañando racionalmente para recrear el sentido de la historia, el denotado y el connotado, pero siempre tendiendo a algo que podemos analizar. No voy a decir que la poesía está libre de todo análisis, pero el elemento primordial es otro. Te agarra de atrás, desprevenida, y le habla al oído a esa parte de tu mente que no es tu cabeza, que no "piensa", que no racionaliza sino que siente y reacciona, intuye, crea. Lo lírico, entonces, está (casi) libre de racionalidad. Al menos, está un cachito antes de lo racional, en ese lugar que aunque no lo puedas explicar decide por qué Fito si y Axel no, chocolate sí y remolacha no, su boca sí y otras no.
Resulta que este año estuve dejando salir a jugar un poco más a esa parte de mi mente, que pobre, tiene que usar factor cuarenta de protección de tanto que hace que no sale al sol. No es casual entonces que andando sin correa me haga manotear esa edición de Capítulo, finita, de un tal Oliverio, o me haga volver a las antologías de Julio Florencio para leer esa sección en verso que había pasado de largo, o merodear ciertas secciones de las librerías que antes me daban alergia. 
Estimada yo: este texto demuestra que no vas a dejar de racionalizar todo lo que te rodea, pero que de vez en cuando, y porque ya estamos grandes, le podés dar un par de cachetazos al logos en la cola.

jueves, 29 de septiembre de 2016

che
creo que voy a escribir
no sé 
si para que me leas pero
al menos
para saber que estoy acá
creo que voy a escribir
alguna vez
si se me cae una idea
che, no sé
creo
que puedo tener algo para decir
mientras espero 
no esperar más
mientras 
creo 
que puedo vivir
y afuera, frío,
otro cielo 
oscurece y me aleja
de la que fui

martes, 27 de septiembre de 2016

discrimino

Hay diferencia.
Entre: estar y ser;
          ser y hacer;
          hacer y poder;
          poder y querer;
                     y desear, y amar.
Entre
       ver y
              creer y
                         saber.
Entre la imagen y la vida.
Entre el dicho y el hecho.
Entre ayer y hoy
                       (y mañana)
Entre vos y yo.
Hay mucha diferencia.
Menos mal.

jueves, 31 de diciembre de 2015

No-balance

Decir que este año trajo buenas y malas, altas y bajas es un lugar común, pero como casi todo lo banal, no deja de ser cierto. Lo importante es qué hacemos con toda esa banalidad que hemos dado en llamar vida. Para mí, en particular, estas altas y bajas fueron bastante extremas y me recordaron un poquito el ajetreo de vivir, después de una temporada en que me sentí algo estancada. No voy a entrar a hacer listas: los que me conocen saben y los que no imaginensé (que es más divertido). El caso es que estaría amplia y neuróticamente justificado tanto que me descoque como que me encierre a llorar toda la noche, o que me enrede en un balance tan largo y profundo como inutil. Pero elijo celebrar. Y a lo que quiero llegar después de tanto rodeo (la psicóloga dice que es mi estilo y no reniego de ello) es al por qué celebro esta noche.
Este año me puso de frente con algo escencial, la mutación. Lo básico de la vida, vieja. Y de a poco voy aprendiendo a aceptar esa mutación constante a la que nos vemos sometidos, desde lo orgánico a lo más artificial, y formar parte de ese ciclo. Pasaron cosas jodidas este año, pero sigo adelante, aprendiendo. Creo que cuando uno inicia un camino de búsqueda (de la ¿libertad?¿felicidad?¿plenitud?) no puede parar.
Entonces, dicho todo esto, me parece lo más lógico, en una fecha tan arbitraria como humana, salir a celebrar. Celebrar la mutación, que podemos mutar y que podemos hacernos cargo de lo que nos pasa, celebrar las incertidumbres y sobre todo celebrar que existe un mañana, un año nuevo por construir. De a uno, entre todos. Celebrar el camino y todas las personas geniales que me tocó encontrar, todas sus enseñanzas y el hombro inmenso que me aportaron a cada paso. Celebrar que tengamos la chance de hacer un año nuevo, de hacernos de nuevo siempre, de no parar. Celebrar este inmenso castillo de arena que es el universo y después que lo tire abajo una ola. Y volver a celebrar.
Entonces: bailen, canten, amen, jodan, brinden. ¡Y que tengamos un feliz año por construir!

jueves, 8 de octubre de 2015

(Otro) texto virtual en defensa del libro real

Los libros son de papel. No queda otra. Por más que trate, por más que lo lea en .pdf y lo tenga bien guardado en el disco rígido, no puedo sentir que haya leído un determinado libro hasta que no lo hago en papel. Les pido perdón a los árboles y todas las víctimas del mercado editorial, pero el libro físico en mi debilidad, mi fetiche. Qué va a ser.

Hay algo irreemplazable en el libro, y es su dimensión de realidad. Así como no es lo mismo un Van Gogh en el lienzo que en el fondo de pantalla de mi pc, no me comparen .epub con hoja pura y dura solamente porque ambas se leen. Si la lectura está directamente relacionada con la vista (para los que vemos), hay una amplia variedad de sensaciones y sentidos que participan de la experiencia-libro.

Para empezar, la lectura de un libro es siempre una experiencia de introspección, pero como puede ser leído en silencio (mentalmente) o en voz alta, esa introspección puede ser individual o convertirse en un lazo que une los mundos internos de dos o más personas. Por eso es tan importante leerle a los chicos.

Pero hay cuestiones más corporales. Cualquier lector curtido conoce bien el olor a libro nuevo, a libro viejo, a edición más cara o más barata, a papel ilustración o imprenta. Algo similar ocurre con el tacto, sumado a las diferencias entre lomo y tapas, interior y exterior de este pseudo prisma rectangular. Ni que hablar del vientito en la cara cuando se pasan rápidamente las hojas de un volumen grueso. El tacto de un libro no es siempre el mismo, varía si está abierto o cerrado, si lo estamos leyendo, hojeando o llevando, más allá de las características de cada ejemplar. Cada libro tiene, además un peso específico y determinadas características que lo hacen más o menos dúctil en determinadas situaciones. Tapa dura o blanda, cosida o pegada, enciclopedia o pocket: cada uno va con una situación y un momento de la vida, y pueden cambiar hasta el contenido de lo que leés.

Esto último me remite a un punto interesante, que es el del libro como acompañante (si, ya empezaba a delirarla). Cada lector tiene su(s) momento(s) y lugar(es) para ejercer. Yo personalmente leo sobre todo antes de dormir y, si no me duele la cabeza, en bondi. Esto no sólo implica contar con una infraestructura adecuada (por ejemplo, no concibo la ausencia de mesita de luz y un respaldar/almohadón en mi dormitorio), si no también el formato de libro propicio.

Acá me van a decir: “pará, no seas fundamentalista, si un libro electrónico también lo podés transportar con vos, y además de práctico te permite llevar cientos de…” Y ahí está el asunto. Porque parte del encanto de un libro como acompañante es esa intimidad que se genera entre vos y ese alter-mundo único y contenido en x cantidad de páginas. No es solamente que no voy a leer más que un libro a la vez, sino que precisamente hoy que todo-está-al-alcance-de-todos-todo-el-tiempo (respira) en la Red de redes, la presencia física de algo, un refugio individual y completo en el que sumergirnos, marca la diferencia.

(Todo lo cual no implica que si me voy en un viaje largo me vaya a llevar una valija de cincuenta kilos cargada de libracos y que no me puedan regalar ese lindo chiche que es el libro electrónico para las próximas festividades capitalistas).

Para ir resumiendo un poco, hay muchas cosas que podés hace con, y sólo con, un libro físico. A los libros, entre otras cosas: podés apilarlos/amontonarlos/apelmazarlos. Podés imaginar ríos, lagos y continentes en los surcos de una página apolillada (eso te pasa por dejar los libros apelmazados). Podés pasar horas en una librería/biblioteca hojeándolos –y no comprar nada. Podés dedicarlos. Podés respetarlos más que a tu vieja o escribirlos, subrayarlos, doblarles las esquinas. Podés arrancar la hoja que acabás de leer, pasársela a tu acompañante, que la lea y la tire por la ventanilla del tren que va de Córdoba a Salamanca, como cuenta que hizo Cortázar alguna vez.

Un libro es una unidad y una totalidad, no se necesita más que a sí mismo (y al lector), a la vez que sintetiza un universo propio. En un tiempo en que todo nos llega fragmentado, incompleto, no veo nada más insurrecto que la búsqueda de un sentido.

Y más allá de todo, coincidas o no, algo que no podés dejar de hacer con un libro es leerlo.

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Yapa. Una desventaja del libro real: no tiene F5.