Girl, You'll be a woman soon..

jueves, 2 de julio de 2015

patas arriba

Todavía no puedo procesar esto. El mundo se convirtió en una de esas habitaciones giratorias que usan en televisión, y no consigo mantenerme en el suelo porque ahora esta arriba, pero la gravedad esta en el techo y eso no me parece bien. No me gusta nada. Entonces corro por las paredes tratando de volver a donde estaba, de mantenerme con los pies en el piso, pero como usted se imaginará me veo ridícula, desesperada y loca. Debe ser que soy medio lenta y no logro aceptar que lo que hasta hace diez minutos (o diez días) era el suelo ahora este sobre mi cabeza, que la mesita del comedor sea una araña (debe estar atornillada) y que yo este arrinconada en lo que fue una esquina del techo tosiendo con la tierra acumulada que flota hecha polvillo debido al estremecimiento.
Cierto, estoy desvariando. Creo que si me enfrento a la realidad desnuda en este momento, sin mediarla con algo de fantasía, tendría que colapsar. Para evitar eso inventamos la ficción, no? Esto que me esta pasando es demasiado grande para comprenderlo; se parece (quien no lo habrá experimentado) a querer pensar en el universo. Algo tan incomprensible, tan más-allá-de-nosotros, que no alcanzan las neuronas para hacer toda la sinapsis que hace falta. Igualito, con la pequeña diferencia de que esto es mucho más cercano que todo el universo - por tanto más real.
Eso, en lo que respecta a la cabeza. Acerca del corazón mejor ni les cuento. Es la primera vez que se rompe.

martes, 5 de mayo de 2015

Oficina

En un momento miró al costado y vió por primera vez al chico del box contiguo. Hacía casi un año que estaba en la oficina y nunca le había visto la cara. Tenía el pelo y los ojos negros, ojeras, la piel pálida, la barba apenas crecida. Miró los demás escritorios, el piso alfombrado, el cielorraso de telgopor. Todo parecía nuevo. Es decir, seguía siendo la misma oficina apenas limpia, con manchas de humedad y el revoque un poco descascarado en las esquinas, pero para él era como si fuera la primera vez que la veía. Se levantó como para despejarse. Pensaba agarrar el camino que hacía siempre, por la escalera de la derecha hacia el baño de caballeros, pero se acordó que habían sacado el dispenser. Para arreglarlo porque no enfría o no calentaba el agua, algo. No quería tomar agua de la canilla, así que en lugar de eso dobló para la izquierda y empezó a recorrer el piso. No había ido nunca por ese lado, no sabía si había otro baño, pero igual enseguida se olvido de buscar agua. No sabía que la oficina fuera tan grande. Caminó, errando, curioseando entre la gente. Le pareció divertido, se sentía una especie de flaneur en versión indoors. Era lo más normal del mundo, un tipo por los pasillos, llevando papeles de un escritorio a otro o yendo a comprar comida, o escapándose para fumar un pucho. Sí, salvo que no era ninguna de esas cosas, es más, para el tipo en cuestión ni siquiera estaba claro de qué se trataba. No desentonaba y sin embargo había algo incómodo, era como estar usando ropa ajena, como ir a una cena de solteros con tu pareja. Pero al mismo tiempo que se confirmaba en su cabeza la idea de que no tenía que estar ahí, de lo absurdo que era ese deambular, se dio cuenta de que nadie le prestaba atención, de que podía hacer lo que fuera que nadie lo iba a parar. Era una especie de espía que había logrado mimetizarse con el ambiente, el wallflower con el que hubiera soñado Bond, el perfecto ninja. Se animó a sumergirse en las escaleras piso abajo. A medida que se alejaba de su box la sensación de descubrimiento era más fuerte. Ni una cara conocida. Y pasaba por ese pasillo todas las mañanas (¿pasaba?). Saludó a un par de personas. A una chica le sonrío y le medio guiñó un ojo, y ella le coqueteó. Nada que ver. Era como no ser él. Ahora, en la planta baja, entraba un sol bárbaro. La puerta de doble hoja que daba a la calle dejaba entrar la luz del mediodía, como un reflector que apunta al escenario. La luz del reflector le dio calor, transpiraba igual que debía transpirar el maestro de ceremonias antes de presentar el espectáculo principal, y eso que estaba el aire acondicionado prendido. Bueno, ahora como seguir. No tenía sentido volver al box, de todas formas ya lo habría ocupado alguien más. Si él no era de ahí. Siguió caminando, el sol le daba en la cara y quemaba lindo, las primeras hojas de otoño crujían en las baldosas de la vereda. Sonrío de su travesura, había estado bien en salir antes de que se dieran cuenta.

miércoles, 1 de abril de 2015

Igual que el atardecer...

Igual que el atardecer
la mañana deja 
sombras largas.

Todos vamos
a alguna parte
y ellas nos escoltan.

Cada uno 
adentro suyo

y el día 
que promete tanto
para los que puedan salir.

lunes, 23 de febrero de 2015

Tema: La vaca

Presionaba las ubres con fuerza, pero no había caso, lo único que salía era una leche aguachenta y agria. A su lado dos señores de traje y bombín miraban y comentaban.

- Lo que pasa –decía uno- es que no tiene  técnica. Mire esa forma de flexionar el pulgar.

- Sin duda es un inútil de nacimiento. No debería haber llegado tan lejos.

Hablaban fuerte, cuidando que el peón oyera todo claramente. El primer señor tomó un trago de leche de un cartón (no de la recién ordeñada) y se quedó pensativo un rato antes de volver a hablar. 

- De todas formas la envasaremos y la venderemos como edición especial y limitada. 

En eso la vaca empezó a vibrar, extendió las alas y salió volando, porque era de San Antonio. Los señores de traje y bombín miraron con rencor al que ordeñaba, que no sabía dónde meterse. Se retiraron sumamente ofendidos, no sin antes inventariar los tachos y organizar meticulosamente el envío del flete con la leche de edición especial y limitada, portadora de todos los nutrientes necesarios para el óptimo crecimiento de sus hijos.

miércoles, 28 de enero de 2015

Pérdidas

A veces me pasa que pierdo las llaves de mi cabeza estando adentro, y puedo pasar horas y horas buscándolas. Para colmo, hay veces que sin darme cuenta empiezo a meterme más adentro, alejándome del camino, y llego a una región poco frecuentada, oscura, llena de bichos peligrosos y hasta me olvido no sólo de que estaba buscando las llaves sino también de que quiero salir. Pasa una eternidad y me vuelvo vieja, una criatura más de esa jungla negra, la piel pegajosa de escamas y sangre fría, los ojos de muerte brillando apenas en la sombra perpetua, ouroboros venenoso devorándose lentamente, lleno de tedio y de vacío.
Entonces me llaman por teléfono o tocan el timbre, y es alguien para cenar o para llevarme a tomar mates en la costanera. Hasta ahora siempre pude salir de mi cabeza.

lunes, 19 de enero de 2015

Une histoire bizarre

Mucho se preocupan, y con razón, los defensores de nuestra lengua al conocer la alteraciones y deformaciones que se ejercen diariamente sobre el español castizo, desafiando su pureza y dignidad. El fenómeno causa estragos tales como la confusión en la ortografía (por ejemplo entre los términos “hay”, “ahí” y “¡ay!”, o en la sentencia “ce ase linpiesa”), la pauperización de la sintaxis (basta ver un examen de un alumno secundario, donde a la consigna “responda en oración. Justifique.”, la réplica es: “si. raíz cuadrada.”), o la simple degeneración de las palabras (“acá toy”, “holiss”, entre otros adefesios), para citar algunos ejemplos.
Pero un descubrimiento reciente enciende una luz de esperanza al final de este túnel de perdición semántica. El hecho está vinculado con la palabra bizarro, uno de los casos más tristes en el que se ha visto abrirse una brecha (hasta el momento considerada irreparable) entre su significado original (valentía, bravura) y otro, otorgado por el vulgo en el uso cotidiano (para nombrar lo extraño, particular, extraordinario). También es de público conocimiento que la segunda acepción (la falsa acepción) tiene su origen en las lenguas inglesa y francesa, para las cuales bizarre si significa raro. O, debería decir, significaba. En efecto, durante las últimas semanas hemos sido testigos de la alarma y la preocupación reinantes en los países de habla gala y anglosajona, dada la constatación de una serie de episodios de transliteración semántica centrados en el termino bizarre. Según las escasas fuentes de información que han transgredido el secreto profesional con el cual es protegido el expediente de la causa, son cada vez mayores los registros del uso de bizarre en el sentido de “valentía”. A modo de ejemplos podemos citar un titular de Le monde de la jornada de ayer: “Une bizarre femme, dompteureuse de bêtes féroces”, aludiendo a la tres veces galardonada domadora de grandes felinos Jaqueline Deroux, que a los 81 años anuncia su última gira mundial. O la alocución del mismísimo presidente Obama, que la semana pasada se refirió a un escuadrón del ejército en viaje a Oriente Medio como “… our bizarre soldiers…”
Es evidente, entonces, que por algún motivo desconocido (y que tal vez jamás lleguemos a dilucidar) los significados del término entre los diferentes idiomas no han sido tergiversados por el uso sino que simplemente se intercambiaron. Algo que dará que hablar a filólogos y semiólogos de todo el globo, ya que atañe a la separación intrínseca de significante y significado, tema harto discutido por dichos estudiosos.
El fenómeno es cuando menos alentador, ya que indica la posibilidad de realizar un nuevo trueque y restaurar cada significado a su lengua de origen. Las cabezas más brillantes (y con esto no aludimos a la calvicie sino, metafóricamente, al saber) de los claustros académicos del primer mundo ya están trabajando en este sentido. Será además una interesante oportunidad para fomentar la cooperación entre América Latina y los más importantes centros de estudios, como la Universidad de Massachusetts, entre otros

Sólo resta esperar el desenlace de tan apasionante reto científico, un verdadero drama del conocimiento (quizá la aventura más impactante en su campo desde el advenimiento del estructuralismo). Desde nuestro humilde lugar saludamos esta aventura lingüística en la firme convicción de que dará a nuestras sociedades el impulso que necesitan hacia un ordenamiento y una disciplina sin las cuales jamás alcanzarán a las potencias industrializadas, ya que la palabra es cultura y una cultura desorganizada promueve los mayores agravios que pueda sufrir una Nación. Por eso alentamos a los bravos científicos con el viejo adagio que reza “al pan, pan y al vino, toro”. Carajo.

lunes, 12 de enero de 2015

La invasión

Cada vez están más cerca. Desde mi lugar junto a la ventana los distingo bien, merodean la casa con parsimonia, confinados en sus frágiles armaduras. Se mueven con la seguridad tranquila del conquistador, no hay obstáculos para ellos: un tapial puede ser escalado; las rejas y los tejidos, demasiado anchos, son umbrales y puentes; mis plantas su refugio. Parece que mi casa es su hábitat desde hace tiempo. 

Ahora los veo venir con las antenas desplegadas, como tanteando el aire, cerciorándose de que están siguiendo el camino correcto. En la retaguardia se aglomera el grueso de la población, indiferentes a la empresa que están llevando a cabo, en esa lógica del hecho consumado que asumen con tanta naturalidad. La humedad y la lluvia, la luz grisácea que invade la atmósfera generan una agitación inusual en la colonia. Han tomado como base un montón de ramitas secas apiladas en un rincón del jardín. Sin respetar direcciones (de cabeza, de costado) alternan el movimiento con la inspección detenida de alguna hoja, de alguna piedrita. Los más pequeños se deslizan con facilidad entre los huecos del fardo, los mayores esperan sobre la superficie, aunque también es posible que estén escondidos dentro del montón como en un largo sistema de cavernas y túneles. 

Más acá continúa la avanzada.  Los acorazados marchan en una formación dispersa, engañosamente azarosa. Con épica lentitud, bajo la garúa, irán ganando el metro, metro y medio, que los separa de mi ventana hasta apoderarse de ella. Pretenden trepar por la reja, acomodarse en alguno de los heptágonos de hierro que la decoran, o bien seguir hasta el vidrio. En ese caso examinarán con sus antenas, perplejos, el extraño e infranqueable material. Uno a uno comenzarán a subir por él, succionándolo con sus cuerpos viscosos, hasta sumar una o dos decenas de caracoles dispuestos verticalmente, en una simetría casi perfecta.

A menos que de golpe salga el sol, secándolo todo con una luz insoportable, y los obligue a replegarse, a buscar refugio debajo del banco de madera, detrás de las macetas o en la sombra de aquel arbusto, y a posponer la invasión para el próximo día de lluvia.

lunes, 5 de enero de 2015

Otra vez enero

Otra vez enero. Cada año llega más rápido, cada vez un enero más cercano del otro. Como esos lugares o esas personas que percibimos inmensos cuando somos chicos y que cuando reencontramos muchos años después no nos parecen tan distintas al resto de su especie.

Antes enero era como un desierto o un océano. Lo atravesaba despacio, un poco a la deriva, bajo el sol incandescente y el calor húmedo del litoral. Mirando alrededor sin distinguir los límites, un largo día similar al siguiente, a veces tedioso, a veces solitario. Una larga marcha en reposo, llena de ansiedad por llegar a mañana, por que termine la espera pero sin un destino claro. En febrero todo empezaba a moverse otra vez, como despertando de un letargo (porque enero no era más que la noche del año, dormida con pesadez entre sábanas livianas y ventanas abiertas), de nuevo la existencia del almanaque tenía sentido.


Hoy enero vuelve domesticado, desprovisto de esa naturaleza monumental y etérea. Lo atravieso adulta, despabilada, mientras me pregunto dónde habrá quedado un desierto tan grande, un océano tan vasto. Es posible que algún día lo vuelva a encontrar, aunque entonces ya me queden pocos veranos por delante y tenga más paciencia, más ganas de dilatar las horas.

martes, 16 de septiembre de 2014

Oda al Margen

Al mejor estilo Carlos Argentino traigo a ustedes la versión última de esta

Oda al Margen



Margen, franja recta siempre a un lado, fiel a tu verticalidad mientras soportas la perpendicular afrenta de los vistosos renglones: por la poca consideración que se te dedica, yo te ofrezco esta Oda.
Oh, margen, ¿qué sería sin ti de los estudiantes durante tediosas horas de clase magistral?¿Cuántos talentos pictóricos se hubieran perdido por siempre en el mar del olvido ante el flagelo de tomar apuntes?
En ti viven mundos gráficos a dónde huyen las mentes aburridas y en los que plasman hermosos parajes, figuras geométricas o partes de la anatomía humana.
En ti una digresión es la salvación de quedarse dormido ante una disertación soporífera, es la cadena que crea camaraderías el primer día de clases o la expresión de la mirada inquisitorial sobre ese compañero tan raro.
En ti se vuelcan jocosas e ingeniosas observaciones sobre la psiquis del ser y la naturaleza del mundo, rozando la filosofía más profunda.
Y desde luego, no existe agenda o almanaque más a mano que tú cuando hay que anotar un número de teléfono o el horario de un compromiso.
¡Qué no te sometan a las banditas plásticas para reforzar los agujeritos! ¡Qué al arrancar la hoja del cuadernillo no sea tu cuerpo el sesgado!
Poderoso margen, Rey destronado cuya condena es habitar los submundos de lo olvidado, la periferia de la utilidad: el día en que todo sea juzgado yo abogaré por ti.