Ayer a la noche estaba regresando a mi casa y me dí cuenta de que me sentía bien conmigo misma, en esa caminata solitaria, desafiando un fresco primaveral, entre las luces amarillentas del alumbrado publico. Había pasado un fin de semana bastante movido, rodeada de gente y de situaciones que a pesar de no ser espectaculares ni nada fuera de lo común me dieron muchas satisfacciones. Pensando en que siempre se habla de que "hay que estar bien con uno mismo" descubrí que no habría podido sentirme así sin toda esa compañía, sin la gente a mi alrededor, sin un poquito de trabajo y esfuerzo... En definitiva, que no me es posible estar bien conmigo misma sin estar bien con las personas que me rodean (con las que quiero y me importan, claro) y con el mundo en que habito.
lunes, 24 de septiembre de 2012
lunes, 10 de septiembre de 2012
Nunca un mail
Dolores de cabeza, de espalda, cuello, garganta, columna... Lo malo de cuando el cuerpo te avisa que tenés que mejorar algo en tu vida, es que siempre llama por cobrar.
viernes, 7 de septiembre de 2012
Me puse la gorra
Cómo me gusta la gente que todavía usa mayúsculas donde debería haber mayúsculas. Los que ponen acentos (aunque a mi los me cuestan un poco). Los que colocan los signos de admiración e interrogación por delante y detrás. Quienes redactan con cohesión y coherencia; no abrevian las palabras donde no es necesario; saben utilizar pronombres; poseen amplitud de vocabulario; no le tienen miedo al diccionario.
No es por una cuestión de purismo, simplemente creo que quien maneja mejor el lenguaje se puede expresar mejor, no sólo literariamente, sino en cualquier ámbito de la vida. De todas formas, claro que importa el contenido, si este vale la pena un defecto técnico pasa inadvertido. La cuestión, creo, es que algo bien escrito produce una sensación de bienestar tanto en quien escribe como en quien lee.
miércoles, 5 de septiembre de 2012
Primavera
Tanto tiempo fue mi garganta como una rama seca, desprendida de un tronco sin salvia, sin alma. Y hoy florecí de palabras.
martes, 4 de septiembre de 2012
Búsqueda implacable
Buscaba la lógica en todos lados. La buscó en las
matemáticas y en la filosofía (pero eran demasiado abstractas). La buscó en los
modelos macroeconómicos, en la política internacional y en el sistema
electoral. La buscó en las religiones. La buscó en las revistitas de enigmas,
sudokus y crucigramas. La buscó en la naturaleza (pero era demasiado perfecta).
La buscó entre los almohadones del sillón y bajo la alfombra. La buscó en la
gramática, semántica, sintáctica (pero siempre aparecía una excepción a la
regla). La buscó en internet y en las páginas amarillas. La buscó en la calle a
pleno sol y en oscuras habitaciones perdidas. La buscó en el desván. La buscó
en las ciencias naturales y en las sociales (y se le cayeron encima todos los
paradigmas). La buscó con lupa. La buscó en el aeropuerto, en la estación de
ómnibus y en la del ferrocarril. La buscó en mapas y en la guía telefónica. La
buscó cuesta arriba y cuesta abajo. La buscó sin exceptuar sábados, domingos ni
feriados. La buscó con entusiasmo y con desgano. La buscó llueva, nieve o
truene. Día tras día la siguió buscando.
Hasta que un día se encontró con esa persona. Y ya no le
importó la lógica.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Aprendizajes
Es todo cuestión de aprendizaje. De enseñarse a una misma a buscar el equilibrio; a tratar de disfrutar cada instante vivido; a lograr que hasta las situaciones mas complicadas puedan ser experimentadas desde el lugar de una vivencia y no de un suplicio; a no perder la creatividad; a saber cuando avanzar, cuando reflexionar y cuando comprarse un cuarto de chocolate, frutillas a la crema y banana split mientras una de Woody Allen.
Igual hay cada alumna...
viernes, 31 de agosto de 2012
De absolutismos y otras relatividades
Empecemos por lugares comunes. Cuando yo era chica, como suele suceder, papá y mamá eran todo. Y luego ese todo pasó a ser una cuadra, un barrio, una escuela. Entonces crecí y fui tomando consciencia de que existía un mundo, y personas que lo habitan; gente con vidas propias y problemas, muchas veces producto de la injusticia que ese mismo mundo ejercía sobre ellos. El descubrimiento de la injusticia me indignó de gran manera, al punto que comencé a tratar de buscarle una explicación. Llegue a concluir que la existencia de la desigualdad no podía ser algo natural, sino un producto de las decisiones humanas, por ende, una cuestión política. En ese caso, me dije, la política lo es todo, hay que cambiar la política para cambiar la iniquidad.
En este orden de razonamientos era lógico que me inclinara hacia las humanidades y entré en la facultad, en una de esas carreras poco frecuentadas y menos presupuestadas, con propósitos anacrónicos y utópicos de los que no me avergüenzo.
Pero hete aquí que una empieza a recorrer (en el papel, claro está) épocas y lugares diferentes, se da cuenta de las similitudes pero también de los matices que forjan las culturas.. Y voila, ahí aparece esa palabrita mágica que presenta el don de la ubicuidad, la cultura. Y una empieza a pensar que si todo está atravesado por la cultura, entonces, ¿no será todo la cultura?
Podrán imaginarse que este devaneo intelectual causó no poca mella en mi ánimo. Con tal confusión epistemológica, decidí consultar a un profesional de la psique para que me ayudara a orientar mis ideas. Con resultados dudosos. La conversación fue mas o menos así:
Psicólogo: - ¿Cual es tu problema?
Yo: - Bueno... Verá, resulta que mi problema es que la humanidad... La injusticia... No se que cambiar... Digamos que mi problema es todo.
Psicólogo: - Todo es nada.
Y con este para nada enigmático mantra sonando en mi cabeza volví a mi casa.
Decidí mandar al diablo a la cultura, la política, las humanidades, la escuela y hasta a mis viejos.
Entonces de vuelta en mi barrio, pude ver a esas personas que viven su vida como pueden, que luchan la diaria por solucionar sus problemas inmediatos en pos de una vida mejor. Y me pregunto si todo eso no tendrá que ver con la tan reiterada cultura; si la cultura no es también política, y si lo político no es un elemento inseparable de la cultura... Y si no vale la pena empezar de vuelta, a trabajar desde abajo, a ver si podemos recrearlo un poco todo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)